Victoria Combalía, una mujer pionera y referente en el arte

La avalancha de exposiciones individuales de artistas mujeres por todo el mundo este año es un claro aviso de que algo ha cambiado en el mundo del arte. Si en los 80 el colectivo Guerrilla Girls denunciaba que había que estar desnuda para entrar en un museo, hoy el panorama al fin es distinto. Victoria Combalía es una precursora en reclamar este espacio de las grandes artistas olvidadas en el arte. Reconocida historiadora, comisaria y crítica de arte, Combalía es una de las mayores expertas del mundo en la obra de Joan Miró y de Dora Maar, además de ser uno de los grandes nombres del mundo del arte y una de las mujeres más influyentes del sector.

Y no solo lo es en España. Tal es su repercusión en Francia que fue nombrada ‘Chevalière des Arts et des Lettres por el Ministerio de Cultura de la República Francesa. Ella vivió aquellos años 70 en los que las mujeres pasaban de la oscuridad de la dictadura a reclamar sus derechos con voces fuertes. Combalía vivió también la efervescencia cultural de los años 80 y se convirtió en una pionera en reclamar un espacio en igualdad para la mujer en el arte tanto a través de su propio trabajo, como reconociendo en sus libros la labor de grades artistas mujeres. Su libro Amazonas con pincel (Destino) se publicó en el año 2006, antes del boom de libros que reivindican a mujeres en todos los sectores. En él, comentaba la vida y obra de 64 mujeres artistas, de Sofonisba Anguissola o Artemisia Gentileschi a Tracey Emin y Cindy Sherman.

Además de ser una eminencia y una mujer de discurso culto y fascinante, Victoria Combalía logra conectar tanto con los lectores como con los escuchantes. Su libro Musas, mecenas y amantes (Ed Elba), ya va por la 4ª edición, muy respetable para tratarse de un ensayo sobre arte. También hechizó a quienes fueron al auditorio del Museo del Prado, donde el pasado 4 de marzo impartió la conferencia Las Eternas Olvidadas. En ella reivindicó la obra de artistas surrealistas de suma importancia para el movimiento y cuyas obras, sin embargo, fueron oscurecidas. Artistas como Remedios Varo, Leonora Carrington, Maruja Mallo, Angeles Santos, Dorothea Tanning, Dora Maar o Lee Miller. También habló de otra artista, Dora Maar, con la que consiguió tener largas entrevistas telefónicas que se transformaron en el documental Dora Maar, más allá de Picasso, que dirigió con Alejandro Lasala, emitido en TV2 el 8 de marzo y que también puede verse en la plataforma Filmin. Hablamos con ella de arte, reivindicaciones y hasta de su cumpleaños, que celebra el 8M en lo que, como ella dice, es un encantador “azar objetivo”.

¿Por qué decidiste estudiar Historia del Arte?

Siempre he creído que la labor de un profesor es fundamental. Yo me hice historiadora del Arte por dos magníficos profesores en la Universidad: José Milicua, especialista en Ribera y Goya y Ma Lluïsa Borrás, especialista en arte contemporáneo. Ellos me transmitieron la pasión por el arte.

¿Cómo llegaste a convertirte en una de las mayores expertas del mundo en artistas como Dora Maar o Joan Miró?

La obra de Joan Miró me gustó desde siempre y lo pude conocer; fui muy amiga de David y de Emilio Fernández Miró, nietos del pintor , hoy tristemente fallecidos. En los ochenta y noventa quedaban muchos temas para estudiar sobre él y por eso investigué lo que se llama ‘fortuna crítica’ de Miró: es decir, qué habían dicho los críticos de Miró en su primera época . ¡Uno de ellos dijo que pintaba ‘romboides peludos’! Y Dora Maar surgió por casualidad: yo vivía en París en 1994 y me dieron su teléfono. ¿Porqué no llamarla y entrevistarla? Me habían prevenido que colgaba el teléfono a todo el mundo, pero conmigo habló horas y horas… Y yo le he dedicado veinte años de mi vida profesional, porque fue un personaje fascinante, que luchó por ser ella misma tras el abandono de Picasso.

Antes del boom de libros que reivindican a mujeres en todos los sectores, allá por 2006 tu ya publicaste ‘Amazonas con pincel’ (Destino), donde comentabas la vida y obra de 64 mujeres artistas, de Sofonisba Anguissola o Artemisia Gentileschi a Tracey Emin y Cindy Sherman. ¿Cómo nació este interés por reivindicar a mujeres artistas?

Como historiadora de arte siempre veía que a las mujeres artistas se las citaba muy poco. Sin embargo en los años setenta y ochenta teníamos un cierto reparo a “segregarlas” : recuerdo que algunas de ellas no querían exposiciones separadas de los hombres. En el Centro Cultural Tecla Sala, que dirigí de 1996 a 2002 , ya organicé en 1998 la exposición “Como nos vemos, Imágenes y arquetipos femeninos”, con jóvenes artistas españolas alrededor de este tema. Y entre mis 66 exposiciones, he mostrado la obra de Yoko Ono, Carmen Calvo, Sarah Lucas, Naia del Castillo, Esther Ferrer, Fina Miralles, Eva Lootz, Terry Berkowitz, Sally Mann y tantas otras excelentes artistas. También solía escoger a diseñadoras gráficas y a montadoras de exposiciones, por solidaridad femenina.

El pasado 4 de marzo diste una conferencia en el Museo del Prado cuyo título ya decía mucho: ‘Las eternas olvidadas’. En tu charla te referías a artistas relacionadas con el Surrealismo, pero en realidad este fenómeno de invisibilización es extrapolable a toda la historia del Arte. ¿Por qué crees que ha ocurrido esta expoliación artística de género?

Más que expoliación ha habido olvido, en parte porque las historias del arte las escribían los hombres y en parte porque las mujeres, hasta ahora, lo han tenido todo mucho más difícil para sobresalir: la maternidad, la importancia dada a la vida afectiva, incluso en muchas décadas del siglo XX una cierta falta de autoestima por parte de ellas mismas han sido cortapisas para el éxito.

En tu conferencia, hablaste de artistas relacionadas con el Surrealismo invisibilizadas en los libros de historia del arte y relegadas a ser compañeras o amantes de artistas varones. Mujeres con nombre propio como Remedios Varo, Leonora Carrington, Maruja Mallo, Angeles Santos, Dorothea Tanning, Dora Maar o Lee Miller, entre otras. ¿Qué historias destacarías de ellas?

La historia mas conocida es la de Frida Kahlo, que casi siempre fue considerada como la Sra. Rivera, por ser esposa de Diego Rivera, el gran muralista mexicano. Y Dora Maar casi siempre fue considerada, en vida, como “la compañera de Picasso”. Por otro lado hay un hecho espeluznante en las surrealistas: algunas sufrieron la represión de sus padres al mostrar comportamientos heterodoxos en su vida privada: a Angeles Santos la llegaron a internar en ‘una casa de salud’ en Madrid; a Leonora Carrington su padre le envió una supervisora para devolverla a casa, tras su huida con Max Ernst. Otras capitularon frente a las carreras más exitosas de sus maridos: Lee Miller pasó la segunda etapa de su vida como ama de casa, haciendo pasteles y dándose a la bebida: sus fotografías fueron descubiertas por su hijo tan sólo tras su muerte. Y Jacqueline Lamba siempre reprochaba a su marido, André Breton, que le exigiera ser musa, ama de casa y madre.

En el documental ‘Dora Maar a pesar de Picasso’, que dirigiste con Alejandro Lasala, reivindicas la figura de esta gran artista y tuviste la oportunidad de entrevistarla. ¿Qué fue lo que más te impresionó o sorprendió al conocerla?

Para empezar, me sorprendió, como te he dicho, que no colgara el teléfono. Luego estaba su mítica voz: gutural y elegante. Descubrí a una persona muy educada y culta, muy curiosa por todo y por todos (incluso me preguntaba ella a mí sobre mi vida…) y con un fino sentido del humor. Nunca pude verla personalmente ya que, al haber sido tan guapa, por una cierta coquetería prefería no ser vista en su vejez. Fue también muy generosa conmigo, al explicarme toda su carrera y su relación con los surrealistas. Sin embargo yo no insistí en el tema Picasso, porque me habían prevenido: “no le hable de Picasso, ella fue abandonada por él, tuvo un ataque de locura temporal, le dieron electrochoques…”. En el documental Dora Maar, más allá de Picasso, emitido en TV2 el 8 de marzo, comento en detalle este episodio, que por suerte fue pasajero. Cuando hablé con ella, me pareció una persona tal vez un poco lunática pero perfectamente racional.

¿Qué supone que el Museo del Prado, la institución cultural más importante de España programe conferencias como la tuya y exposiciones como la de Clara Peeters, luego la de Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana y en breve Las invitadas?

Es importantísimo que un museo como El Prado, el mejor de España y de los mejores a nivel mundial programe exposiciones sobre mujeres artistas. Con ello se unen a un movimiento internacional de recuperación de figuras femeninas excepcionales, no solo en el terreno de las artes sino también en el de las letras, las ciencias y la política. Clara Peeters, Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana fueron muy buenas pintoras que llegaron a obtener un gran éxito en vida, y a ellas pueden sumarse Artemisia Gentileschi, Judith Leyster, Angelica Kauffmann, Rosalba Carriera, Élisabeth Vigée-Lebrun y tantas otras. Es un momento de recuperación de figuras olvidadas y los museos pueden hacer mucho por ello.

Tras ver a grandes artistas como las que se han programado, mucha gente se pregunta las razones por las que se desconocían, al menos popularmente, sus nombres y obras. ¿Crees que hay que revisar los nombres femeninos en la historia del arte y por qué?

Desde luego hay que revisar la historia del arte tradicional. Hoy existe una crítica de arte desde una perspectiva de género, o ginocrítica. Han puesto de relieve las prácticas queer y han sido muy críticas contra el sexismo en la historia del arte. Lo importante para mí es que esta revisión no sea ni victimista ni revanchista y que realmente se redescubra y valorice a mujeres artistas por su calidad, no sólo por el hecho de ser mujeres.

¿Cómo valorarías el papel de las mujeres artistas y de movimientos artísticos feministas dentro del mundo del arte en la actualidad?

Las mujeres artistas están cada vez más visibles y por otro lado, las jóvenes artistas tienen actitudes muy diferentes a las de mi generación. Creo que son más independientes y combativas. Por otro lado se publican muchos más libros y se realizan muchas mas exposiciones sobre temas feministas. Estos se han desplazado de la pura afirmación de ser mujer a las variantes de la identidad sexual (hetero, queer, trans), a una mayor sutileza en la denuncia del sexismo, a la reivindicación del multiculturalismo y al ‘descubrimiento’ de mujeres artistas fuera del ámbito europeo o norteamericano. Las mujeres artistas, hoy en día, tienen una mayor visibilidad y tienen mucho que decir sobre la posición de la mujer en el mundo.

Este año, tanto en los más importantes museos españoles como internacionales, al fin percibimos una gran presencia de mujeres artistas. ¿Qué ha pasado, por qué ahora sí?

Creo que el fenómeno Me Too ha sido fundamental para aumentar la reivindicación del arte hecho por mujeres, simplemente por contagio: tomar la palabra contra los abusos va de la mano a reconocer la valía de las mujeres creadoras quienes desde hace mucho tiempo han tomado la palabra, los pinceles, la cámara o cualquier medio para expresarse.

¿Cómo vas a celebrar el 8M y cuáles serían tus reivindicaciones para ese día?

El día 8 de marzo -lo que los surrealistas considerarían un azar objetivo- es mi cumpleaños. Lo celebraré con amigos y dejaré aparcadas mis reivindicaciones -que son bastantes- para los otros días de la semana…

Por último, ¿en qué proyectos estás ahora mismo que nos puedas contar?

Puedo contar que con Paula Jiménez de Parga tenemos proyectada una exposición sobre el abuso sexual y psicológico que paradójicamente, aún no ha sido acogida por ningún museo ni institución cultural. Sospechamos que el tema, a pesar de su tremenda actualidad, amedrenta un poco, especialmente a los hombres. También publicaré en Editorial Fórcola (Madrid) mis textos sobre el surrealismo y continuaré mis memorias. Quisiera que las más jóvenes percibieran hasta que punto fue difícil en los años setenta emanciparse y llevar una vida libre y profesional. Por otro lado, fueron unos años apasionantes por el cambio político y social en nuestro país.

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