Por qué te vas a enganchar a Élite este fin de semana: sexo, crímenes y adolescentes (muy) peligrosos

Parece que las plataformas de streaming han querido agotar todos sus cartuchos antes de que empiece el verano y nos han preparado un junio cargadito de grandes estrenos. Paraíso, Loki, Maricón Perdido… Si te gustan las series, puedes pasarte horas y horas frente a la pantalla. La última serie en estrenarse en Netflix ha sido la cuarta temporada de Élite y, nada más estrenarla, no hemos podido evitar vernos tres capítulos del tirón. Y esto es lo que nos ha parecido.

No deja de ser paradójico que cuando comienza el verano en la realidad, empiece el curso en Las Encinas. Será porque un curso académico en este colegio para ricachones equivale al verano más loco de nuestras vidas. Bueno, de las vidas de alguien, no de la mía, desde luego. Pero si hay algo que no se le puede negar a esta serie, es que dejan claras sus intenciones desde el minuto uno y se resumen en una sóla palabra de cuatro letras: sexo. Bueno, también hay un crimen por ahí rodando y unos interrogatorios policiales a los protagonistas que se encontraban de fiesta en el momento de los hechos (uy que raro…), pero eso es sólo para disfrazar la serie de thriller adolescente. En realidad lo que les importa es la carnaza.

(Atención, a partir de aquí hay algún spoiler, pero sólo del primer capítulo y muy poco relevante.)

A ver, esta serie no ha sido nunca puritana (ni falta que hace), pero es que lo de esta cuarta temporada se les ha acabado de ir de las manos. Nada más empezar el primer capítulo vemos a Ander duchándose, que debe ser que no se había duchado en casa o que se tiran haciendo educación física todo el día, porque no salen de las duchas. Y ahí se encuentra con Patrick, uno de los nuevos, y en su conversación se mezclan el cáncer, con los accidentes de coche y los halagos a sus atributos sin orden ni concierto. “Muy chulo tu paquete”. “Muy chulo tu culo”. Y así andamos.

Pero no sólo mantienen relaciones sexuales por diversión, sino para conseguir lo que quieren. Así como Nano en la primera temporada se liaba con Marina para conseguir entrar en su casa y robarle unos papeles de su padre para hacerle chantaje (aunque luego se enamoraban, porque eso nos pasa a todos a diario), aquí le piden a Guzman que se ligue a Ari, otra de las nuevas, para que influya sobre su padre, que es el director.

Por no hablar del blanqueamiento de la prostitución que se ve desde el primer capítulo. Un hombre adulto y tremendamente guapo (Andrés Velencoso) tontea con una menor de edad y le presta una de sus habitaciones de hotel porque se ha escapado de su casa. Y claro, terminan en la cama. Y claro, cuando la chica se despierta se encuentra con 500 euros en la mesilla. Y además, él está preocupadísimo por el bienestar de la chica y porque se lo pase bien. Porque eso pasa todos los días cuando un hombre es consumidor de prostitución. Y tú mientras tanto no puedes dejar de pensar que esa niña es menor de edad y que él no sólo está manteniendo relaciones sexuales con ella sino que además le paga por ello. Y que por muy bonito que lo pinten, bien no está.

Vamos, que lo del crimen, que de momento no tenemos muy claro que sea tal, pasa a un segundo plano. Qué digo a un segundo plano, a un decimocuarto. Vamos, que no nos importa en absoluto. Porque si en la primera temporada, el asesinato de Marina era lo que articulaba la trama y todo lo que ocurría a lo largo de todos los capítulos servía para explicar cómo habían llegado hasta ahí, el crimen de esta temporada está cogido con pinzas, como un pegote que lo han colocado ahí porque algo tenían que hacer.

Y después de todo lo que os acabo de decir, he de confesar con vergüenza que me lo estoy pasando bien viéndola. No se puede evitar, el ritmo es rápido, los personajes antiguos siguen enganchando, la estética es maravillosa y te dan ganas de volver a la adolescencia pero, esta vez, con muchos millones en el banco. Pero eso no quita para que sea capaz de darme cuenta de que Élite ha perdido el norte y deberían reconducirlo ya que seguro que tienen más que ofrecer que un grupete de chicos guapos dispuestos a completar todas las posturas del Kamasutra.

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