Quién era Encarna Sánchez y cómo se convirtió en la mujer más poderosa y temida de la España de los 80 y los 90

Antes de que Oprah Winfrey se convirtiera en Oprah Winfrey ya existía Encarna Sánchez, la mujer que movió los hilos de la influencia mediática desde 1980 a 1996. Reinó en la noche de la cadena Cope con audiencias similares a las de dos titanes: Luis del Olmo (en las mañanas) y José María García (en deportes). Ya tenía dos Ondas por ‘Encarna de noche’ (un programa de testimonios en la madrugada) cuando estrenó ‘Directamente Encarna’, cuatro horas de radio en horario de tarde que se convirtieron en las más escuchadas (y temidas) de la época. Tenía 48 años y un estilo visceral a la altura de su inconfundible voz. Durante los 12 años siguientes, hasta su muerte en 1996 debido a un cáncer de pulmón, jamás abandonó el liderazgo. En algo más de una década se hizo con una fortuna de alrededor de 1.500 millones de pesetas y con muchos, muchísimos, enemigos.

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En el apogeo de su carrera, Encarna Sánchez llegó a poseer más poder que un ministro. Su ascendiente tras el micrófono era tal, que una entrevista en ‘Directamente Encarna’ superaba en influencia a toda la maquinaria electoral de la época. Todos los políticos, de derechas y de izquierda, se sentaron en su estudio. También las más relevantes personalidades de la cultura y la vida social: ella era una más entre la ‘jet set’ de Marbella. Una de las secciones de su programa, ‘La mesa camilla’, reunía las afiladas lenguas de Paquita Rico, Marujita Díaz o Carnen Jara.

La rivalidad entre folclóricas (de Lola Flores a Rocío Jurado) alimentó esta tertulia viperina sobradamente: fue su espacio más adictivo. El salario de Encarna estaba a la altura de su audiencia, pero más lo eran las comisiones que se embolsaba de las marcas que se publicitaban en su espacio. Además, publicitaba promociones inmobiliarias en las que había invertido previamente.

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En aquellos años nadie quería correr el riesgo de caerle mal a Encarna Sánchez. Se encendía de tal manera con en sus discursos críticos, que suspendía la incredulidad de los oyentes ante las acusaciones más peregrinas. El Gran Wyoming la llevó ante los tribunales por atribuirle comportamientos financieros cuestionables. Encarna llegó a decir que trabajaba en Telemadrid porque era hijo ilegítimo del director general de la cadena (que era solo 10 años mayor que él). “A pesar de que aporté numerosas grabaciones de programas en el juicio, Encarna Sánchez negó la mayor: dijo que no había dicho ni una palabra de todo aquello y que las grabaciones las había hecho yo con imitadores”. El juez le dio la razón.

“¡Temblad, pedazo de sinvergüenzas!”, clamaba Encarna tras su micrófono. La periodista Pilar Eyre recuerda perfectamente sus insultos. “Yo vi llorar a Concha García Campoy por culpa de Encarna Sánchez. La llamó ‘las cuatro letras’, como a Rosa Villacastín, como a María Eugenia Yagüe, como a Carmen Rigalt. ¡Estaba obsesionada con el gremio periodístico! De Miguel Bosé dijo que tenía ‘la enfermedad de moda’, Rocío Jurado ‘parecía un travestí’, la Preysler ‘boba y aburrida’, Umbral ‘repugnante’… A Paquita Rico la echó durante un año porque no quiso decir no sé qué de Carmen Ordoñez… Era mala y envidiosa”.

Rosa Villacastín ha quertido recordar los episodios más trágicos de su biografía: Encarna Sanchez nació en Almería en el 35, vivió de muy niña la guerra, el ajusticiamiento de su padre, republicano, y la durísima posguerra. “Pasó por el asesinato de su padre y entró en una clínica psiquiátrica donde durmió durante tres meses con una camisa de fuerza. Todo eso tiene que haberla descolocado mucho”, explicó la periodista.

Los escándalos de corrupción de los gobiernos socialistas de Felipe González proporcionaron a Encarna Sánchez la oportunidad perfecta para descargar su retórica populista, aunque también dio exclusivas como la del caso Rafael Vera, secretario de Estado para la Seguridad con un patrimonio sufragado por los fondos reservados. Su teatralidad, mezclada con cierto paternalismo y mucha mala leche, la convirtieron al final de su carrera en algo muy cercano a una caricatura, aunque la audiencia se mantuvo siempre a su lado. Consiguió siempre lo que quiso, si no por influencia política o por miedo, por dinero. De hecho, su ajetreada vida sentimental, con sonadísimos romances con colegas periodistas y su amistad especial con Isabel Pantoja, es inseparable de sus avatares económicos. Pero eso, como dicen los clásicos, es otra historia.

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